Las montañas de Castilla, especialmente en las provincias de Burgos
y Palencia cuentan con una gran fuente de mitos y leyendas sobre el hombre
y su relación con los caballos, que se han ido transmitiendo oralmente
de generación en generación hasta nuestros días. Dichas leyendas son la
base fundamental de la idiosincrasia del pueblo y de sus tradiciones,
en ellas van a quedar reflejadas sus hábitos, creencias y la forma de
vida de sus habitantes.
En la Prehistoria las manadas de caballos cabalgaban en estado salvaje
por las sierras de Burgos y de Palencia como se ha comprobado recientemente
al aparecer los restos de équidos en los yacimientos arqueológicos del
Pleistoceno en la Sierra de Atapuerca. En esta época, cuando el hombre
aún se debatía por sobrevivir en un ambiente hostil, dio comienzo entre
ambos, hombre y équidos, el nacimiento de una duradera relación que aún
hoy perdura y que, sin duda, habrá de mantenerse en el futuro. De esta
relación iba a depender el hombre, casi exclusivamente durante cientos
de años, para poder cazar, utilizarlo como animal de guerra y posteriormente
como animal de ayuda en las labores del campo.
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El origen de la raza Losina que hasta hace poco se discutía
y basándome en los resultados que he obtenido en el estudio del ADN realizado
con la colaboración del Laboratorio de Grupos Sanguíneos del Ministerio
de Defensa y la Universidad de Córdoba, podemos afirmar que el caballo
Losino es uno de los tres tipos caballares indígenas de la Península Ibérica,
diferenciándose de las razas Cantábricas (celtas) y las del sur de la
península. Descendiente de especies que han poblado la Península Ibérica
desde los tiempos del Terciario y Cuaternario (Hipparion Gracile).
La convivencia con el caballo losino, animal fuertemente relacionado con
la vida cotidiana de nuestros antepasados, determinó algunas formas de
expresión, símbolos de su vida. Fue su mejor aliado para sobrevivir en
los momentos más críticos como es el caso de la invasión árabe que durante
tantos años el norte de Palencia y de Burgos, con sus castillos, fortalezas
inexpugnables, construidas en partes inaccesibles de sus montañas y también
gracias a su ejército montado a lomos de caballos losinos impidió el avance
de los musulmanes; testigos de tal proeza son los castillos de Lantarón,
Cellorigo y Pancorbo, que en el año 882 defendido por el Conde Vela Jiménez,
rechazó al poderoso ejercito árabe varias veces, impidiéndoles el paso
por la Sierra de Tesla y montes de Álava (Sainz de Baranda, 1947).
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Posteriormente, durante el reinado de los Reyes Católicos, en la Reconquista,
se crea un ejército regular que organizaba su caballería en dos grupos,
la constituida por los Hombres de Armas con caballos castellanos y un
segundo grupo de caballos ligeros como eran los andaluces, los Reyes Católicos
contribuyeron con 79.000 caballos a la guerra de Granada, de los que la
mitad eran castellanos y la otra mitad andaluces, muchos de estos caballos
quedaron en estas tierras. El caballo castellano se reservó en este tiempo
para las tropas que se enviaban a la conquista de América, influyendo
genéticamente en sus poblaciones equinas. Cabrera (1945) cita que los
primeros caballos que entran en Centroamérica en 1509, por Alonso de Ojeda
y Diego de Nicuesa, provenían de la isla de Santo Domingo y también de
Castilla, según la capitulación para esta empresa, fechada y firmada por
los Reyes Católicos en Burgos el 9 de Junio de 1508, se autorizaba a sacar
caballos «destos reynos de Castilla».
La primera referencia bibliográfica sobre el Caballo Losino que encontramos
nos la ofrece Alonso de Herrera (1513) en su libro de Agricultura General,
capítulo Despertador (dialogo 1), con los interlocutores Justino y Camilo
ya da cita histórica de los famosos y poderosos caballos: «El Rey Don
Alonso el Sexto fue sobre Ubeda, y Baeza, con un exercito muy grueso à
pie, y de à caballo, y mando al Cid que le guardasé a Castilla; y estando
el Rey ausente, como está dicho, el Cid por cierto negocio que se le ofreció,
le fue forzoso sacar de Castilla más de siete mil caballos, con que venció
una batalla fuera del Reyno. Tanta era la multitud que había de caballos
en Burgos, y su tierra».
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